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Friday, May 27, 2011
Saturday, May 21, 2011
Tuesday, May 17, 2011
Monday, May 16, 2011
Friday, May 06, 2011
Friday, June 03, 2005
Interesante sobre el Yuan
Cuando fuerzas poderosas chocan frontalmente allá donde confluyen la política y la economía, es muy probable que el golpe sea sonoro y produzca cierta inestabilidad.
Un ejemplo es la fisura abierta entre Estados Unidos y China por el yuan. La administración Bush continúa presionando a China para que revalúe su moneda frente al dólar y, así, conseguir que el Senado de Estados Unidos no sancione una legislación proteccionista. Algunos legisladores, en respuesta a la inquietud manifestada por parte de fabricantes y sindicatos, aseguran que los productos chinos, exportados a precios extremadamente competitivos –más todavía por el devaluado tipo de cambio del yuan—, proporcionan a las empresas chinas una ventaja injusta sobre las americanas y es uno de los principales culpables del déficit comercial y por cuenta corriente de EEUU. La respuesta de los funcionarios chinos, que desde 1994 han mantenido la moneda local a 8,28 yuans por dólar, es que no se dejarán coaccionar por un Gobierno extranjero que insiste en inmiscuirse en un asunto de soberanía nacional.
Profesores de Wharton y observadores especializados predicen que el país revalorizará el yuan, probablemente este año, porque a largo plazo le interesa hacerlo. Pero EEUU, al darle una dimensión pública al asunto, posiblemente esté postergando la corrección deseada. Además, consideran que la presión de EEUU es un movimiento político diseñado para apaciguar a las industrias afectadas por la competencia china; y añaden que revalorizar el yuan no las revitalizará.
“Los chinos son muy orgullosos y, probablemente, revalorizarán la moneda cuando menos lo esperemos”, dice el profesor de Finanzas Richard Marston, director del Centro Weiss de Investigaciones Financieras de Wharton. “Creo que harán algún movimiento este año, pero será modesto. Cuanta más presión les pongamos, más se resistirán”.
Jeremy Siegel, professor de Finanzas de Wharton, señala que la presión de EEUU sobre China, simplemente, “no está bien”, y añade que los países deberían tener autonomía para decidir qué tipos de cambio consideran más adecuados para su moneda.
Steve H. Hanke, professor de Economía Aplicada de la Universidad John Hopkins y un experimentado trader de los mercados de cambio y commodities, cree que el comportamiento estadounidense está “totalmente dictado por la política” y se trata de “un disparate económico”. Añade: “Creo que (los funcionarios de EEUU) están jugando para un público con interés especiales. No me cabe la menor duda”.
Richard Moody, vicepresidente y economista senior de PNC Financial Services Group, de Pittsburgh, coincide con este punto de vista, y considera un “despropósito” la enorme presión ejercida sobre el Gobierno chino. “La determinación del valor de cambio es, de hecho, una decisión soberana del Gobierno chino. Y la presión a la que están sometidos está complicando el proceso. Está ayudando a que entre un gran flujo de capital especulativo en China, ya que los inversores esperan ganar dinero fácil con la revalorización de la moneda. Puede ser un factor muy desestabilizador para la economía china”.
China mantiene el tipo de cambio ligado al dólar para incentivar las exportaciones que tanto han contribuido a su increíble crecimiento económico de los últimos años, además de mantener bajo control la inflación. Determinar cuánto se debe apreciar el yuan frente al billete verde es un asunto que exige mucho tacto por parte de Pekin: un yuan al alza podría hacer que los productos chinos fueran más caros en el extranjero, recortando las ventas y reduciendo el desarrollo económico.
Marston considera que China tiene, fundamentalmente, dos opciones: permitir que el yuan se aprecie frente al dólar o fijarlo con una cesta de divisas compuesta por el dólar, el euro y el yen japonés. Cualquiera que sea la decisión final, los funcionarios chinos deberán evitar futuras presiones para revalorizar su moneda, aunque, es muy poco probable que sean lo suficientemente audaces. “Cualquier decisión será considerada insuficiente y alentará posteriores especulaciones”, señala Marston. “Yo les aconsejaría buscar un tipo de cambio lo suficientemente alto como para atenuar futuras presiones para conseguir más cambios. Cualquier tímido intento requerirá más cambios en el futuro e incrementará la presión. Por eso, el yuan debería fijarse nuevamente con el dólar o, preferiblemente, con una cesta de divisas.
“La cuestión es: ¿Qué pueden hacer los chinos para responder a las presiones sin introducir cambios sustanciales?”, continúa Marston. “Podrían anunciar una modesta apreciación y, luego, volver a fijar el yuan un 5% por encima o por debajo del valor anunciado. Esto, seguramente, aliviaría un poco la presión, pero podría desatar nuevas presiones para introducir más cambios”.
Una cesta de divisas
Marston dice que el recurso de la cesta de divisas, y el peso atribuido a cada una de ellas, concedería una relativa importancia a los principales socios comerciales de China. La ventaja de una cesta es que, si hubiera un movimiento del euro frente al dólar, por ejemplo, China podría ajustarse a este movimiento. Si el euro subiera frente al dólar, forzaría una apreciación del yuan frente al dólar y una depreciación frente al euro.
Marston también recuerda que la Unión Europea ha empezado a presionar a los chinos por el tipo de cambio, en una disputa centrada en las exportaciones de textiles chinas al Viejo Continente, y recomienda a América debería suavizar su postura frente a China. “Ahora que los europeos se han unido a nosotros, deberíamos sentarnos a esperar la reacción de los chinos. Tenemos que utilizar menos retórica y un poco menos de acción por parte del Senado e intentar usar un poco más la diplomacia”.
El profesor de Finanzas Richar J.Herring, director del Instituto de Gestión y Estudios Internacionales Joseph H. Lauder de Wharton, cree que China optará por una cesta de divisas, probablemente sin identificar de manera explícita el peso atribuido a cada moneda y, presumiblemente, con una modesta apreciación en relación al dólar. “Es posible que adopten una banda vinculada a una cotización fijada, de modo que el tipo de cambio pueda fluctuar”, señala Herring. “Esto colocaría la política de cambio china en sintonía con la política adoptada por la mayoría de los países asiáticos. Actualmente, sólo tres países, incluyendo China, tienen sus monedas ancladas en el dólar. ¿Cuándo ocurrirá?, nadie lo sabe, pero la política americana parece, sin duda alguna, contraproducente en este sentido”.
Cuando China decida introducir el cambio “lo hará del modo apropiado y en conformidad con sus propios intereses, no para satisfacer a americanos y europeos”, añade Herring. “El problema de China es que su capacidad de “esterilizar”, o compensar, el impacto de las compras de dólares con yuans está limitada por el subdesarrollo de los mercados de capital chino, por no mencionar los límites implícitos impuestos a las colocaciones de títulos en los bancos nacionales. Ésta es, de hecho, la razón por la que la mayoría de los países con cambios depreciados terminan haciendo la corrección necesaria”.
Siegel, de Wharton, considera que China “acabará” apreciando el yuan, pero no se sabe cuándo sucederá. “No creo que quieran revalorizar, pero lo harán por razones políticas. Algo en torno a un 10% es bastante posible”.
Moody, de PNC, espera que China permita al yuan fluctuar en una banda que oscile entre el 10%, más o menos, en relación al dólar o la cesta de divisas. Dice que un movimiento modesto dejará a Estados Unidos insatisfecho, pero, por el momento, será suficiente para los chinos. “Existen razones que sugieren un posible interés chino por una moneda más flexible”, explica. “Les daría más control sobre la política monetaria. Pero al tener un tipo de cambio fijo con el dólar, están implícitamente siguiendo la política monetaria de la Reserva Federal de EEUU. Si la economía china sigue creciendo y la inflación se convierte en un problema, por su propio interés, deberían controlar su propia moneda. Actualmente, la inflación está relativamente bajo control, pero, con el tiempo, podría ser un motivo de preocupación”.
Los profesores de Wharton coinciden con Moody en que China no dejará, y tampoco debería permitirlo, que el yuan fluctúe libremente frente al dólar. “No es realista para China, en este momento, adoptar un cambio que fluctúe libremente”, argumenta Moody. “La dinámica de su economía no es consistente con eso”. En un trabajo titulado Perspectivas de China, Moody observa que el país asiático carece “del tipo de mercado de capitales e instituciones financieras eficaces y transparentes, ingredientes necesarios para un sistema con flujos libres de capital–para dentro y fuera del país-, y un tipo de cambio determinado por el mercado”.
“Creo que no van a optar por la fluctuación”, dice Siegel. “En el futuro podría funcionar. Pero, en estos momentos, sólo revalorizarán la moneda para quitarse a los americanos de encima. Marston añade: “No existe ninguna posibilidad de que China adopte un tipo de cambio fluctuante. La idea de que, de repente, van a adoptar una filosofía de libre mercado para su moneda es una locura”.
Una vieja historia
En los últimos años, numerosas voces critican a China de haber estado “manipulando” su moneda en perjuicio de Estados Unidos. Cuánto más bajo esté el yuan frente al dólar, más baratos serán los productos chinos para los americanos y más caros serán los productos americanos para los chinos. En Estados Unidos, muchos señalan al gran superávit comercial de China con EEUU como una evidencia de que la devaluación del yuan es injusta. El déficit comercial con China se sitúo en 162.000 millones de dólares en 2004. El déficit total por cuenta corriente –ingresos y pagos al exterior por intercambio de mercancías, servicios, rentas y transferencias con todos los países- era de 665.900 millones de dólares en 2004, unos 135.300 millones de dólares más que en 2003, según las cifras preliminares recogidas por la Agencia Americana de Análisis Económicos.
Pero Herring afirma que las autoridades americanas están confundidas al pensar que revalorizar el yuan es la respuesta al tremendo déficit por cuenta corriente de EEUU. “Aunque amenazar a China sobre el valor de cambio del yuan parece ser el centro de la política de EEUU para hacer frente al déficit por cuenta corriente, se debe recordar que incluso una gran apreciación del yuan sólo tendría una escasa variación en su tipo de cambio ponderado con el dólar. De las importaciones de EEUU, a China le corresponde cerca del 10%, así que incluso una apreciación del 20% del yuan—mucho mayor de los que la mayoría de los expertos anticipan—tendría, en el mejor de los casos, un impacto del 2% sobre el tipo de cambio ponderado con el dólar. La respuesta para nuestro déficit por cuenta corriente no se encuentra en Pekín, sino en Washington, D.C.”
Lo que desató este debate fue un proyecto de ley presentado por el Senador Charles Schumer, demócrata de Nueva York, en el que se propone imponer una tarifa del 27,5% sobre las importaciones chinas en respuesta a la llamada “manipulación” del yuan. El Senado deberá votar esta ley en verano.
Según el The Wall Street Journal, el Secretario del Tesoro John Snow dijo a los periodistas el 17 de mayo que “ante la ausencia de reformas, estoy preocupado por el aumento de presión proteccionista en Estados Unidos. Esto es algo que necesitamos evitar”. Estos comentarios fueron hechos el mismo día en que el Departamento del Tesoro emitió un informe al Congreso sobre políticas internacionales y de cambio. Al informe le faltó poco para acusar a China de “manipular” su moneda con el propósito de ganar ventaja a los competidores internacionales, pero sin embargo, urgía enérgicamente a China para que permitiera la apreciación del yuan.
En una declaración formal que acompañaba el informe, Snow dijo que la rígida política monetaria de China está muy distorsionada. Entre otras cosas, dijo, el actual tipo de cambio entre el yuan y el dólar “supone riesgos para la salud de la economía china, y está poniendo las semillas para la creación de una liquidez excesiva, inflación o precio de los activos, grandes flujos de capital especulativos, y eleva exageradamente los niveles de inversión. También supone riesgos para sus vecinos, puesto que su habilidad para seguir políticas monetarias más independientes y antiinflaccionistas está limitada por consideraciones de competitividad relativas a China. Un sistema más flexible podría además apoyar la estabilidad económica, lo que consideramos de importancia capital para el liderazgo chino”.
Snow subrayó que Estados Unidos no está presionando para que se instaure una “libre fluctuación inmediata, con la total liberalización de mercados de capitales”, explicando que China no está preparada para este cambio radical. Lo que quiere Estados Unidos, según Snow, es “una solución intermedia que refleje las condiciones subyacentes del mercado y permita una transición suave- cuando sea apropiado- a la fluctuación total”.
Hanke de la Universidad Johns Hopkins encuentra los comentarios de Snow poco convincentes. “Snow ha entrado en contradicciones varias veces. Dice que China está lista para flexibilizar su sistema, pero no que queremos que adopte un sistema que libre fluctuación. No sabe de lo que está hablando”.
Hanke, que asesoró al Gobierno indonesio durante la crisis monetaria asiática de 1998, dice que una revalorización excesiva del yuan sería devastadora para la economía china. Dice que una revalorización del 25%, por ejemplo, podría provocar “un desplome total de la economía. Los efectos negativos podrían ser terribles y bastante desestabilizadores para China…Ya existe una avalancha de préstamos vencidos (e impagados) en China, por tanto una revalorización de ese nivel sería catastrófica. Además de eso, el boom inmobiliario o la burbuja en las regiones costeras del país colapsaría completamente y el sistema bancario explotaría”.
Marshall Meyer, profesor de Gestión de Wharton, añade que “la agricultura china es muy ineficiente, y por eso los agricultores reciben enormes subsidios. La apreciación de la moneda bajará los precios de los productos alimenticios importados con serias consecuencias para los agricultores y, posiblemente, para la estabilidad política del país. Las cifras son impresionantes: el 62% de la población china vive en áreas rurales. Esto significa que los ingresos en efectivo de los agricultores provienen del 40% de los productos vendidos en el mercado. Cerca del 10% de este 40% es importado. Si ese 10% se convierte en 20%, los agricultores perderán un tercio de su renta”.
Mientras tanto, Snow, en una declaración ante el Comité bancario del Senado, en Washington, el 26 de mayo, dijo que China revalorizaría el yuan, también conocido como renminbi, hacia mediados de Octubre, cuando el Departamento del Tesoro tiene previsto sacar su próximo informe sobre manipulación de la moneda, según informes de noticias. Un día después, las autoridades chinas reiteraron su posición de cautela en relación a las reformas económicas, informó Reuters. Zhang Yansheng, miembro de la Comisión Nacional del Desarrollo y Reforma de China, dijo que había mucho trabajo por hacer en relación a la moneda, impuestos, y política de comercio exterior para minimizar el impacto de la reforma del yuan sobre la economía china, según Reuters. “Será mejor mantener el tipo de cambio del renminbi estable otros dos años”, dijo Zhang al International Business Daily, un periódico publicado por el ministerio de comercio chino, informó Reuters.
El ahorro de los Estados Unidos
El Gobierno americano ha protestado por la política de cambio china, pero Marston le recuerda que debe tener en cuenta que China es el mayor tenedor de títulos del Tesoro de EEUU, y que gracias a eso el actual déficit por cuenta corriente del país no está peor. Por tanto, hacer que los chinos revaloricen el yuan no tendrá un impacto significativo en la reducción del déficit.
Según Marston, “el actual déficit por cuenta corriente ha alcanzado niveles históricos. Es un problema muy serio. El déficit, cuyo origen está en las bajas tasas de ahorro en EEUU, necesita financiación externa. Para conseguir reducir este déficit, se puede cambiar el tipo de cambio entre el dólar y otras divisas. Pero creo que el déficit es demasiado grande para que cualquier alteración cambiaria tenga algún efecto significativo. La tasa de ahorro de EEUU es sólo el 1% del PIB, el más bajo de la historia. Al menos que tomemos alguna medida en relación a los ahorros en este país, no conseguiremos un cambio sustancial en el déficit por cuenta corriente. Algunos dicen, ‘si consiguiéramos que China revalorizara su moneda, nuestro déficit desaparecería’. Ningún economista cree esto”.
Las discusiones en China
Desde el inicio del Fortune Global Forum en Pekín, el pasado 17 de mayo, el tipo de cambio fue el centro de atención. Durante la sesión de la tarde dedicada al impacto mundial de la apreciación del dólar, Stephen Roach, economista jefe mundial de Morgan Stanley, calificó de “pura política” las condenas de EEUU al tipo de cambio fijo del yuan y a considerarlo la causa del enorme déficit comercial del país. “Lo que más preocupa es que el valor del yuan esté demasiado correlacionado con el valor del dólar. EEUU es el principal mercado de las exportaciones chinas. Cualquier ajuste que haga Estados Unidos de su cuenta corriente afectará las exportaciones chinas, mandando efectos expansivos por todo el país”, dijo Roach, añadiendo que el anteproyecto de ley Schumer, presentado al Senado de EEUU en abril es “una medida preocupante”.
Stuart Gulliver, consejero delegado de empresas globales y banco de inversión HSBC, dijo que el superávit comercial de China es resultado, principalmente, de la mano de obra barata. El comercio con China representa sólo el 10% del total del comercio de EEUU, señaló, añadiendo que si EEUU quiere resolver su problema de déficit comercial, debería controlar el consumo excesivo además de buscar la devaluación del dólar”. Sobre la reforma del tipo de cambio chino, Gulliver dice que el país debería hacerlo cuando “las condiciones sean propicias”. Respecto a qué dirección deberían tomar las reformas, dijo, “obviamente esto es asunto de la soberanía china”. Si el yuan se apreciara antes del momento oportuno, añadió, habría simplemente un mayor flujo de capital especulativo en el mercado.
Li Jiange, vice director del centro de investigación y desarrollo del Consejo Estatal, señaló que el comercio americano es deficitario en relación a varios países, no solamente con China. Además, señaló que funcionarios de alto rango del Gobierno chino ha dicho repetidamente que la reforma cambiaria debería llevarse a cabo de acuerdo a las necesidades del país, teniendo en cuenta el posible impacto sobre los sistemas financieros, comerciales e industriales del país. Kevin Watts, presidente de Merrill Lynch Internacional, sugirió que el tipo de cambio del yuan no es el principal desafío económico al que se enfrenta el mundo hoy en día, y su importancia se está exagerando.
Tal y como muchos expertos que asistieron a la discusión señalaron, la presión política—y no los factores económicos—está llevando a EEUU a exigir la apreciación del yuan. La mayoría estuvieron de acuerdo en que cualquier apreciación significativa del yuan no sólo sería desastrosa para China, también sería una mala noticia para los consumidores americanos que se han acostumbrado a los productos baratos fabricados en aquel país.
Durante una sesión del Forum dedicada a “entender los mercados de capital chinos, Zhou Xiaochuan, presidente del Banco del Pueblo, señaló que “si reformamos el sistema del tipo de cambio de manera que fortaleciera la confianza de los inversores externos e internos, esta reforma sería positiva para los mercados de capitales”. Zhou también dijo que el Gobierno no llevará a cabo ninguna reforma apresuradamente, solamente lo hará cuando las condiciones sean las adecuadas. No se ofreció ningún calendario.
La Administración Estatal de Cambio Exterior de China emitió el 10 de mayo un comunicado por el cual quedan limitados en 348.000 millones de dólares los préstamos en el exterior de corto plazo para bancos extranjeros y en 245.000 millones de dólares para los bancos chinos. El objetivo de la medida es quitarle presión al yuan como consecuencia de los crecientes flujos de entrada de capital. El 18 de mayo, China amplió su sistema de comercialización de cambio exterior en un esfuerzo para colaborar al desarrollo del mercado de cambio exterior interbancario y reducir la presión especulativa sobre el yuan. Y el 20 de mayo, China dijo que aumentaría las tasas arancelarias de 74 productos textiles a partir del primero de junio. Las nuevas tarifas frenarán la exportación textil a EEUU y Europa. Las exportaciones de prendas chinas se han incrementado desde que desapareciera el sistema de cuotas a finales de 2004. Entre los 74 ítems señalados, hay siete tipos de prendas de vestir importadas que EEUU ha puesto como objetivo para nuevas cuotas comerciales.
El punto de vista de los economistas chinos
Peng Xinyun, un experto de divisas del Instituto de Banca y Finanzas, que forma parte de la Academia China de Ciencias Sociales, dijo a los reporteros que no es el mejor momento para una revalorización del yuan. Para recapitalizar los bancos estatales, China inyectó un total de 60.000 millones de dólares de sus reservas de divisas en el Banco Central de China, el Banco de Construcción de China y el Banco Industrial y Comercial de China. Si el yuan se apreciara, el nivel de capital de todos estos bancos caería, siendo un golpe para los esfuerzos del Gobierno para recapitalizarlos. “China no permitirá la apreciación del yuan hasta que los bancos comerciales tengan acceso adecuado al capital”, dijo.
Según Yi Xianrong, un investigador del Instituto de Banca y Finanzas, los beneficios para EEUU del tipo de cambio fijo entre el yuan y el dólar actualmente son mayores que los posibles perjuicios. Además, ahora no es el momento oportuno para la apreciación del yuan. Las exportaciones agrícolas no preocupan tanto, dijo, señalando que los productos agrícolas de China pueden competir en los mercados globales y serán incluso más competitivos una vez que se consiga un mayor avance tecnológico.
Lin Yifu, director del Centro de Investigaciones Económicas de China, de la Universidad de Pekín, expresó los siguientes puntos de vista hablando con los visitantes de Sino.com: “El enorme déficit fiscal y las bajas tasas de ahorro son las causas principales del gran déficit comercial estadounidense. La apreciación del yuan no ayudará a los Estados Unidos a reducir su déficit comercial en absoluto, porque la mayoría de las exportaciones de China a los Estados Unidos son productos de mano de obra intensiva que no son fabricados en EEUU. Si el yuan se apreciara, Estados Unidos tendría dos opciones: Podría continuar comprando estos productos de China, pero tendría que pagar más por ellos, aumentando aún más su déficit; o podría comprar estos productos a otros países donde la mano de obra también es barata. La razón por la que EEUU no compra estos productos en otros países es porque sus productos son relativamente más caros que los de China. Esto explica por qué la apreciación del yuan no ayudará a EEUU”. Además señaló que el Gobierno chino todavía tiene una serie de responsabilidades fiscales, como la recapitalización de los bancos estatales perjudicados por los préstamos de amortización dudosa y las cargas del sistema de seguridad social.
Ba Shusong, subdirector del Centro de Investigaciones Financieras del departamento de Investigación y Desarrollo del Centro Estatal, sugirió que “los políticos americanos parecen creer que la apreciación del yuan podría reducir el déficit por cuenta corriente. En 2004, EEUU tuvo un déficit comercial de más 600.000 millones de dólares, el equivalente al 5,5% de su PIB. El Gobierno de EEUU debería optar entre las siguientes medidas: ser más riguroso con la política económica, incluyendo el déficit fiscal, e incrementar sus tipos de interés para frenar el consumo e incentivar el ahorro. Es un proceso repleto de ajustes políticos y económicos y podría haber obstáculos políticos importantes. Por eso los políticos americanos prefieren presionar para que haya una devaluación del dólar en lugar de hacer ajustes económicos internos. Estados Unidos además espera que la apreciación de otras monedas pudiera quitarle presión al dólar. Esta es la razón fundamental por la que EEUU está presionando activamente para la apreciación del yuan…Pero incluso una apreciación considerable del yuan tendría un impacto pequeño sobre la situación de la balanza comercial americana…De hecho, dada la interdependencia económica entre China y EEUU, cualquier medida sustancial en las tarifas a la importación adoptada por EEUU unilateralmente no sería eficiente y dañaría, en última instancia, la economía norteamericana a largo plazo”.
Huang Zemin, un experto en tipos de cambio y decano de la escuela de negocios de Normal University al Este de China, dijo a los reporteros que “actualmente, China debería centrarse en la reforma cambiaria en el sistema de gestión de divisas. Debido a la dependencia comercial del país, la balanza de pagos debería ser el principal factor para juzgar la conveniencia de apreciar o no el cambio. Nuestro tipo de cambio se mantiene equilibrado en los últimos tres años…El desequilibrio comercial entre China y EEUU no se debe al tipo de cambio del yuan, sino a las diferentes estructuras comerciales de ambos países”.
El mejor momento para la reforma cambiaria, añadió “ocurrirá cuando no haya expectativas de cambio. El mercado no es del todo racional. Por tanto, si hubiera una expectativa unilateral en el mercado, no será el momento oportuno para ajustar el tipo de cambio”.
El punto de vista de Europa
Salvador Rojí, Profesor de Multinational Financial Management de la Universidad Complutense de Madrid, predice que China “finalmente terminará revaluando la moneda por presiones de los demás países, especialmente de los EEUU” La revaluación será gradual, dice, para evitar desajustes en la estabilidad económica.
Gonzalo Garland, director de Relaciones Externas del Instituto de Empresa de Madrid y profesor de Entorno Económico, coincide con Rojí en que la revaluación no se producirá de golpe. Según explica, se está especulando con que China establezca una banda de fluctuación que se irá ampliando progresivamente, de manera que se den revaluaciones sucesivas controladas. La revaluación implicaría una pérdida de competitividad de las exportaciones y una mejora de las importaciones chinas. Sin embargo, dice, “dados los bajos costes de muchos productos chinos dudo de que tenga un efecto tan fuerte en la reducción de las exportaciones chinas. Probablemente el efecto sea algo mayor en el incremento de las importaciones”.
Con relación al área más delicada de las exportaciones textiles, China estaba reduciendo sus exportaciones a través del aumento de los impuestos de las exportaciones, aunque hace unos días anunció dar marcha atrás y cancelar estos incrementos. Una medida muy diferente, señala Rojí, es “restringir el volumen directo, el cual dependerá de acuerdos comerciales regionales China-Europa que incluyan otros productos y servicios en ambas direcciones”.
Garland cree que el tipo de cambio fijo ha sido muy útil para China durante un tiempo, pero con le debilidad del dólar, dice, “los desequilibrios en el comercio internacional se han agudizado mucho. El tener un tipo de cambio fijo con el dólar hace que la debilidad del dólar lleve a una debilidad del yuan, que le ha favorecido mucho”. Y añade: “El problema es que todo el peso del ajuste recae sobre otras áreas cuyas monedas sí se han revalorizado frente al dólar, como Europa, Japón, y muchos otros países”.
En su opinión, la presión por parte de EEUU está complicando una reacción de China. Este país, dice, “ha manifestado que no le gusta la presión verbal que está recibiendo y que es mucho más proclive a actuar cuando la presión es menor”. Por eso cree que podría haber una postergación de las medidas debido a la inestabilidad de los mercados que las declaraciones oficiales pueden generar. Por ello, señala, “quizás es mejor que disminuyan las declaraciones oficiales de los Estados Unidos”.
Europa, explica Garland, “ha tenido que soportar una parte importante del ajuste de los tipos de cambio a nivel global”. Por eso, dice, “también se ha observado que Europa se vuelve más vocal en solicitar un reajuste del tipo de cambio yuan-dólar”.
Cuando le preguntan a Rojí si es hipócrita por parte de EEUU y la UE limitar el libre comercio ahora que los americanos se ven perjudicados, al igual que la industria textil europea, Rojí dice que “históricamente, los EE UU y Europa jamás han escondido sus intereses proteccionistas contra terceros. El halo de liberalismo de Occidente es solo parcial, y muy pocos países lo cumplen: Singapur, Holanda, etc, generalmente pequeños países con mercados locales mínimos que necesitan abrirse al exterior. Así pues, dado el historial semiproteccionista de ambas regiones, no podemos hablar de hipocresía. Simplemente, defienden los intereses de sus clientelas sociales y políticas. Y no lo esconden”.
Sobre la cuestión de si cada país debería tener el derecho de controlar su propia moneda, Rojí sugiere que los estados soberanos pueden utilizar el tipo de cambio como herramienta para compensar incrementos inflacionarios que acorten el nivel competitivo de los países, además de favorecer a grupos económicos determinados, por ejemplo, exportadores. Sin embargo, al ceder dicha potestad, como es el caso de los países miembros del euro, los gobiernos sólo les cabe llevar a cabo políticas fiscales y mejoras en eficiencia, productividad, etc., restricciones salariales, sin poder hacer uso de la válvula de escape de las devaluaciones.
Web Linkshttp://wharton.universia.net/index.cfm?fa=viewArticle&id=875http://wharton.universia.net/index.cfm?fa=viewArticle&ID=602http://wharton.universia.net/index.cfm?fa=viewArticle&ID=860http://wharton.universia.net/index.cfm?fa=viewArticle&ID=668
Un ejemplo es la fisura abierta entre Estados Unidos y China por el yuan. La administración Bush continúa presionando a China para que revalúe su moneda frente al dólar y, así, conseguir que el Senado de Estados Unidos no sancione una legislación proteccionista. Algunos legisladores, en respuesta a la inquietud manifestada por parte de fabricantes y sindicatos, aseguran que los productos chinos, exportados a precios extremadamente competitivos –más todavía por el devaluado tipo de cambio del yuan—, proporcionan a las empresas chinas una ventaja injusta sobre las americanas y es uno de los principales culpables del déficit comercial y por cuenta corriente de EEUU. La respuesta de los funcionarios chinos, que desde 1994 han mantenido la moneda local a 8,28 yuans por dólar, es que no se dejarán coaccionar por un Gobierno extranjero que insiste en inmiscuirse en un asunto de soberanía nacional.
Profesores de Wharton y observadores especializados predicen que el país revalorizará el yuan, probablemente este año, porque a largo plazo le interesa hacerlo. Pero EEUU, al darle una dimensión pública al asunto, posiblemente esté postergando la corrección deseada. Además, consideran que la presión de EEUU es un movimiento político diseñado para apaciguar a las industrias afectadas por la competencia china; y añaden que revalorizar el yuan no las revitalizará.
“Los chinos son muy orgullosos y, probablemente, revalorizarán la moneda cuando menos lo esperemos”, dice el profesor de Finanzas Richard Marston, director del Centro Weiss de Investigaciones Financieras de Wharton. “Creo que harán algún movimiento este año, pero será modesto. Cuanta más presión les pongamos, más se resistirán”.
Jeremy Siegel, professor de Finanzas de Wharton, señala que la presión de EEUU sobre China, simplemente, “no está bien”, y añade que los países deberían tener autonomía para decidir qué tipos de cambio consideran más adecuados para su moneda.
Steve H. Hanke, professor de Economía Aplicada de la Universidad John Hopkins y un experimentado trader de los mercados de cambio y commodities, cree que el comportamiento estadounidense está “totalmente dictado por la política” y se trata de “un disparate económico”. Añade: “Creo que (los funcionarios de EEUU) están jugando para un público con interés especiales. No me cabe la menor duda”.
Richard Moody, vicepresidente y economista senior de PNC Financial Services Group, de Pittsburgh, coincide con este punto de vista, y considera un “despropósito” la enorme presión ejercida sobre el Gobierno chino. “La determinación del valor de cambio es, de hecho, una decisión soberana del Gobierno chino. Y la presión a la que están sometidos está complicando el proceso. Está ayudando a que entre un gran flujo de capital especulativo en China, ya que los inversores esperan ganar dinero fácil con la revalorización de la moneda. Puede ser un factor muy desestabilizador para la economía china”.
China mantiene el tipo de cambio ligado al dólar para incentivar las exportaciones que tanto han contribuido a su increíble crecimiento económico de los últimos años, además de mantener bajo control la inflación. Determinar cuánto se debe apreciar el yuan frente al billete verde es un asunto que exige mucho tacto por parte de Pekin: un yuan al alza podría hacer que los productos chinos fueran más caros en el extranjero, recortando las ventas y reduciendo el desarrollo económico.
Marston considera que China tiene, fundamentalmente, dos opciones: permitir que el yuan se aprecie frente al dólar o fijarlo con una cesta de divisas compuesta por el dólar, el euro y el yen japonés. Cualquiera que sea la decisión final, los funcionarios chinos deberán evitar futuras presiones para revalorizar su moneda, aunque, es muy poco probable que sean lo suficientemente audaces. “Cualquier decisión será considerada insuficiente y alentará posteriores especulaciones”, señala Marston. “Yo les aconsejaría buscar un tipo de cambio lo suficientemente alto como para atenuar futuras presiones para conseguir más cambios. Cualquier tímido intento requerirá más cambios en el futuro e incrementará la presión. Por eso, el yuan debería fijarse nuevamente con el dólar o, preferiblemente, con una cesta de divisas.
“La cuestión es: ¿Qué pueden hacer los chinos para responder a las presiones sin introducir cambios sustanciales?”, continúa Marston. “Podrían anunciar una modesta apreciación y, luego, volver a fijar el yuan un 5% por encima o por debajo del valor anunciado. Esto, seguramente, aliviaría un poco la presión, pero podría desatar nuevas presiones para introducir más cambios”.
Una cesta de divisas
Marston dice que el recurso de la cesta de divisas, y el peso atribuido a cada una de ellas, concedería una relativa importancia a los principales socios comerciales de China. La ventaja de una cesta es que, si hubiera un movimiento del euro frente al dólar, por ejemplo, China podría ajustarse a este movimiento. Si el euro subiera frente al dólar, forzaría una apreciación del yuan frente al dólar y una depreciación frente al euro.
Marston también recuerda que la Unión Europea ha empezado a presionar a los chinos por el tipo de cambio, en una disputa centrada en las exportaciones de textiles chinas al Viejo Continente, y recomienda a América debería suavizar su postura frente a China. “Ahora que los europeos se han unido a nosotros, deberíamos sentarnos a esperar la reacción de los chinos. Tenemos que utilizar menos retórica y un poco menos de acción por parte del Senado e intentar usar un poco más la diplomacia”.
El profesor de Finanzas Richar J.Herring, director del Instituto de Gestión y Estudios Internacionales Joseph H. Lauder de Wharton, cree que China optará por una cesta de divisas, probablemente sin identificar de manera explícita el peso atribuido a cada moneda y, presumiblemente, con una modesta apreciación en relación al dólar. “Es posible que adopten una banda vinculada a una cotización fijada, de modo que el tipo de cambio pueda fluctuar”, señala Herring. “Esto colocaría la política de cambio china en sintonía con la política adoptada por la mayoría de los países asiáticos. Actualmente, sólo tres países, incluyendo China, tienen sus monedas ancladas en el dólar. ¿Cuándo ocurrirá?, nadie lo sabe, pero la política americana parece, sin duda alguna, contraproducente en este sentido”.
Cuando China decida introducir el cambio “lo hará del modo apropiado y en conformidad con sus propios intereses, no para satisfacer a americanos y europeos”, añade Herring. “El problema de China es que su capacidad de “esterilizar”, o compensar, el impacto de las compras de dólares con yuans está limitada por el subdesarrollo de los mercados de capital chino, por no mencionar los límites implícitos impuestos a las colocaciones de títulos en los bancos nacionales. Ésta es, de hecho, la razón por la que la mayoría de los países con cambios depreciados terminan haciendo la corrección necesaria”.
Siegel, de Wharton, considera que China “acabará” apreciando el yuan, pero no se sabe cuándo sucederá. “No creo que quieran revalorizar, pero lo harán por razones políticas. Algo en torno a un 10% es bastante posible”.
Moody, de PNC, espera que China permita al yuan fluctuar en una banda que oscile entre el 10%, más o menos, en relación al dólar o la cesta de divisas. Dice que un movimiento modesto dejará a Estados Unidos insatisfecho, pero, por el momento, será suficiente para los chinos. “Existen razones que sugieren un posible interés chino por una moneda más flexible”, explica. “Les daría más control sobre la política monetaria. Pero al tener un tipo de cambio fijo con el dólar, están implícitamente siguiendo la política monetaria de la Reserva Federal de EEUU. Si la economía china sigue creciendo y la inflación se convierte en un problema, por su propio interés, deberían controlar su propia moneda. Actualmente, la inflación está relativamente bajo control, pero, con el tiempo, podría ser un motivo de preocupación”.
Los profesores de Wharton coinciden con Moody en que China no dejará, y tampoco debería permitirlo, que el yuan fluctúe libremente frente al dólar. “No es realista para China, en este momento, adoptar un cambio que fluctúe libremente”, argumenta Moody. “La dinámica de su economía no es consistente con eso”. En un trabajo titulado Perspectivas de China, Moody observa que el país asiático carece “del tipo de mercado de capitales e instituciones financieras eficaces y transparentes, ingredientes necesarios para un sistema con flujos libres de capital–para dentro y fuera del país-, y un tipo de cambio determinado por el mercado”.
“Creo que no van a optar por la fluctuación”, dice Siegel. “En el futuro podría funcionar. Pero, en estos momentos, sólo revalorizarán la moneda para quitarse a los americanos de encima. Marston añade: “No existe ninguna posibilidad de que China adopte un tipo de cambio fluctuante. La idea de que, de repente, van a adoptar una filosofía de libre mercado para su moneda es una locura”.
Una vieja historia
En los últimos años, numerosas voces critican a China de haber estado “manipulando” su moneda en perjuicio de Estados Unidos. Cuánto más bajo esté el yuan frente al dólar, más baratos serán los productos chinos para los americanos y más caros serán los productos americanos para los chinos. En Estados Unidos, muchos señalan al gran superávit comercial de China con EEUU como una evidencia de que la devaluación del yuan es injusta. El déficit comercial con China se sitúo en 162.000 millones de dólares en 2004. El déficit total por cuenta corriente –ingresos y pagos al exterior por intercambio de mercancías, servicios, rentas y transferencias con todos los países- era de 665.900 millones de dólares en 2004, unos 135.300 millones de dólares más que en 2003, según las cifras preliminares recogidas por la Agencia Americana de Análisis Económicos.
Pero Herring afirma que las autoridades americanas están confundidas al pensar que revalorizar el yuan es la respuesta al tremendo déficit por cuenta corriente de EEUU. “Aunque amenazar a China sobre el valor de cambio del yuan parece ser el centro de la política de EEUU para hacer frente al déficit por cuenta corriente, se debe recordar que incluso una gran apreciación del yuan sólo tendría una escasa variación en su tipo de cambio ponderado con el dólar. De las importaciones de EEUU, a China le corresponde cerca del 10%, así que incluso una apreciación del 20% del yuan—mucho mayor de los que la mayoría de los expertos anticipan—tendría, en el mejor de los casos, un impacto del 2% sobre el tipo de cambio ponderado con el dólar. La respuesta para nuestro déficit por cuenta corriente no se encuentra en Pekín, sino en Washington, D.C.”
Lo que desató este debate fue un proyecto de ley presentado por el Senador Charles Schumer, demócrata de Nueva York, en el que se propone imponer una tarifa del 27,5% sobre las importaciones chinas en respuesta a la llamada “manipulación” del yuan. El Senado deberá votar esta ley en verano.
Según el The Wall Street Journal, el Secretario del Tesoro John Snow dijo a los periodistas el 17 de mayo que “ante la ausencia de reformas, estoy preocupado por el aumento de presión proteccionista en Estados Unidos. Esto es algo que necesitamos evitar”. Estos comentarios fueron hechos el mismo día en que el Departamento del Tesoro emitió un informe al Congreso sobre políticas internacionales y de cambio. Al informe le faltó poco para acusar a China de “manipular” su moneda con el propósito de ganar ventaja a los competidores internacionales, pero sin embargo, urgía enérgicamente a China para que permitiera la apreciación del yuan.
En una declaración formal que acompañaba el informe, Snow dijo que la rígida política monetaria de China está muy distorsionada. Entre otras cosas, dijo, el actual tipo de cambio entre el yuan y el dólar “supone riesgos para la salud de la economía china, y está poniendo las semillas para la creación de una liquidez excesiva, inflación o precio de los activos, grandes flujos de capital especulativos, y eleva exageradamente los niveles de inversión. También supone riesgos para sus vecinos, puesto que su habilidad para seguir políticas monetarias más independientes y antiinflaccionistas está limitada por consideraciones de competitividad relativas a China. Un sistema más flexible podría además apoyar la estabilidad económica, lo que consideramos de importancia capital para el liderazgo chino”.
Snow subrayó que Estados Unidos no está presionando para que se instaure una “libre fluctuación inmediata, con la total liberalización de mercados de capitales”, explicando que China no está preparada para este cambio radical. Lo que quiere Estados Unidos, según Snow, es “una solución intermedia que refleje las condiciones subyacentes del mercado y permita una transición suave- cuando sea apropiado- a la fluctuación total”.
Hanke de la Universidad Johns Hopkins encuentra los comentarios de Snow poco convincentes. “Snow ha entrado en contradicciones varias veces. Dice que China está lista para flexibilizar su sistema, pero no que queremos que adopte un sistema que libre fluctuación. No sabe de lo que está hablando”.
Hanke, que asesoró al Gobierno indonesio durante la crisis monetaria asiática de 1998, dice que una revalorización excesiva del yuan sería devastadora para la economía china. Dice que una revalorización del 25%, por ejemplo, podría provocar “un desplome total de la economía. Los efectos negativos podrían ser terribles y bastante desestabilizadores para China…Ya existe una avalancha de préstamos vencidos (e impagados) en China, por tanto una revalorización de ese nivel sería catastrófica. Además de eso, el boom inmobiliario o la burbuja en las regiones costeras del país colapsaría completamente y el sistema bancario explotaría”.
Marshall Meyer, profesor de Gestión de Wharton, añade que “la agricultura china es muy ineficiente, y por eso los agricultores reciben enormes subsidios. La apreciación de la moneda bajará los precios de los productos alimenticios importados con serias consecuencias para los agricultores y, posiblemente, para la estabilidad política del país. Las cifras son impresionantes: el 62% de la población china vive en áreas rurales. Esto significa que los ingresos en efectivo de los agricultores provienen del 40% de los productos vendidos en el mercado. Cerca del 10% de este 40% es importado. Si ese 10% se convierte en 20%, los agricultores perderán un tercio de su renta”.
Mientras tanto, Snow, en una declaración ante el Comité bancario del Senado, en Washington, el 26 de mayo, dijo que China revalorizaría el yuan, también conocido como renminbi, hacia mediados de Octubre, cuando el Departamento del Tesoro tiene previsto sacar su próximo informe sobre manipulación de la moneda, según informes de noticias. Un día después, las autoridades chinas reiteraron su posición de cautela en relación a las reformas económicas, informó Reuters. Zhang Yansheng, miembro de la Comisión Nacional del Desarrollo y Reforma de China, dijo que había mucho trabajo por hacer en relación a la moneda, impuestos, y política de comercio exterior para minimizar el impacto de la reforma del yuan sobre la economía china, según Reuters. “Será mejor mantener el tipo de cambio del renminbi estable otros dos años”, dijo Zhang al International Business Daily, un periódico publicado por el ministerio de comercio chino, informó Reuters.
El ahorro de los Estados Unidos
El Gobierno americano ha protestado por la política de cambio china, pero Marston le recuerda que debe tener en cuenta que China es el mayor tenedor de títulos del Tesoro de EEUU, y que gracias a eso el actual déficit por cuenta corriente del país no está peor. Por tanto, hacer que los chinos revaloricen el yuan no tendrá un impacto significativo en la reducción del déficit.
Según Marston, “el actual déficit por cuenta corriente ha alcanzado niveles históricos. Es un problema muy serio. El déficit, cuyo origen está en las bajas tasas de ahorro en EEUU, necesita financiación externa. Para conseguir reducir este déficit, se puede cambiar el tipo de cambio entre el dólar y otras divisas. Pero creo que el déficit es demasiado grande para que cualquier alteración cambiaria tenga algún efecto significativo. La tasa de ahorro de EEUU es sólo el 1% del PIB, el más bajo de la historia. Al menos que tomemos alguna medida en relación a los ahorros en este país, no conseguiremos un cambio sustancial en el déficit por cuenta corriente. Algunos dicen, ‘si consiguiéramos que China revalorizara su moneda, nuestro déficit desaparecería’. Ningún economista cree esto”.
Las discusiones en China
Desde el inicio del Fortune Global Forum en Pekín, el pasado 17 de mayo, el tipo de cambio fue el centro de atención. Durante la sesión de la tarde dedicada al impacto mundial de la apreciación del dólar, Stephen Roach, economista jefe mundial de Morgan Stanley, calificó de “pura política” las condenas de EEUU al tipo de cambio fijo del yuan y a considerarlo la causa del enorme déficit comercial del país. “Lo que más preocupa es que el valor del yuan esté demasiado correlacionado con el valor del dólar. EEUU es el principal mercado de las exportaciones chinas. Cualquier ajuste que haga Estados Unidos de su cuenta corriente afectará las exportaciones chinas, mandando efectos expansivos por todo el país”, dijo Roach, añadiendo que el anteproyecto de ley Schumer, presentado al Senado de EEUU en abril es “una medida preocupante”.
Stuart Gulliver, consejero delegado de empresas globales y banco de inversión HSBC, dijo que el superávit comercial de China es resultado, principalmente, de la mano de obra barata. El comercio con China representa sólo el 10% del total del comercio de EEUU, señaló, añadiendo que si EEUU quiere resolver su problema de déficit comercial, debería controlar el consumo excesivo además de buscar la devaluación del dólar”. Sobre la reforma del tipo de cambio chino, Gulliver dice que el país debería hacerlo cuando “las condiciones sean propicias”. Respecto a qué dirección deberían tomar las reformas, dijo, “obviamente esto es asunto de la soberanía china”. Si el yuan se apreciara antes del momento oportuno, añadió, habría simplemente un mayor flujo de capital especulativo en el mercado.
Li Jiange, vice director del centro de investigación y desarrollo del Consejo Estatal, señaló que el comercio americano es deficitario en relación a varios países, no solamente con China. Además, señaló que funcionarios de alto rango del Gobierno chino ha dicho repetidamente que la reforma cambiaria debería llevarse a cabo de acuerdo a las necesidades del país, teniendo en cuenta el posible impacto sobre los sistemas financieros, comerciales e industriales del país. Kevin Watts, presidente de Merrill Lynch Internacional, sugirió que el tipo de cambio del yuan no es el principal desafío económico al que se enfrenta el mundo hoy en día, y su importancia se está exagerando.
Tal y como muchos expertos que asistieron a la discusión señalaron, la presión política—y no los factores económicos—está llevando a EEUU a exigir la apreciación del yuan. La mayoría estuvieron de acuerdo en que cualquier apreciación significativa del yuan no sólo sería desastrosa para China, también sería una mala noticia para los consumidores americanos que se han acostumbrado a los productos baratos fabricados en aquel país.
Durante una sesión del Forum dedicada a “entender los mercados de capital chinos, Zhou Xiaochuan, presidente del Banco del Pueblo, señaló que “si reformamos el sistema del tipo de cambio de manera que fortaleciera la confianza de los inversores externos e internos, esta reforma sería positiva para los mercados de capitales”. Zhou también dijo que el Gobierno no llevará a cabo ninguna reforma apresuradamente, solamente lo hará cuando las condiciones sean las adecuadas. No se ofreció ningún calendario.
La Administración Estatal de Cambio Exterior de China emitió el 10 de mayo un comunicado por el cual quedan limitados en 348.000 millones de dólares los préstamos en el exterior de corto plazo para bancos extranjeros y en 245.000 millones de dólares para los bancos chinos. El objetivo de la medida es quitarle presión al yuan como consecuencia de los crecientes flujos de entrada de capital. El 18 de mayo, China amplió su sistema de comercialización de cambio exterior en un esfuerzo para colaborar al desarrollo del mercado de cambio exterior interbancario y reducir la presión especulativa sobre el yuan. Y el 20 de mayo, China dijo que aumentaría las tasas arancelarias de 74 productos textiles a partir del primero de junio. Las nuevas tarifas frenarán la exportación textil a EEUU y Europa. Las exportaciones de prendas chinas se han incrementado desde que desapareciera el sistema de cuotas a finales de 2004. Entre los 74 ítems señalados, hay siete tipos de prendas de vestir importadas que EEUU ha puesto como objetivo para nuevas cuotas comerciales.
El punto de vista de los economistas chinos
Peng Xinyun, un experto de divisas del Instituto de Banca y Finanzas, que forma parte de la Academia China de Ciencias Sociales, dijo a los reporteros que no es el mejor momento para una revalorización del yuan. Para recapitalizar los bancos estatales, China inyectó un total de 60.000 millones de dólares de sus reservas de divisas en el Banco Central de China, el Banco de Construcción de China y el Banco Industrial y Comercial de China. Si el yuan se apreciara, el nivel de capital de todos estos bancos caería, siendo un golpe para los esfuerzos del Gobierno para recapitalizarlos. “China no permitirá la apreciación del yuan hasta que los bancos comerciales tengan acceso adecuado al capital”, dijo.
Según Yi Xianrong, un investigador del Instituto de Banca y Finanzas, los beneficios para EEUU del tipo de cambio fijo entre el yuan y el dólar actualmente son mayores que los posibles perjuicios. Además, ahora no es el momento oportuno para la apreciación del yuan. Las exportaciones agrícolas no preocupan tanto, dijo, señalando que los productos agrícolas de China pueden competir en los mercados globales y serán incluso más competitivos una vez que se consiga un mayor avance tecnológico.
Lin Yifu, director del Centro de Investigaciones Económicas de China, de la Universidad de Pekín, expresó los siguientes puntos de vista hablando con los visitantes de Sino.com: “El enorme déficit fiscal y las bajas tasas de ahorro son las causas principales del gran déficit comercial estadounidense. La apreciación del yuan no ayudará a los Estados Unidos a reducir su déficit comercial en absoluto, porque la mayoría de las exportaciones de China a los Estados Unidos son productos de mano de obra intensiva que no son fabricados en EEUU. Si el yuan se apreciara, Estados Unidos tendría dos opciones: Podría continuar comprando estos productos de China, pero tendría que pagar más por ellos, aumentando aún más su déficit; o podría comprar estos productos a otros países donde la mano de obra también es barata. La razón por la que EEUU no compra estos productos en otros países es porque sus productos son relativamente más caros que los de China. Esto explica por qué la apreciación del yuan no ayudará a EEUU”. Además señaló que el Gobierno chino todavía tiene una serie de responsabilidades fiscales, como la recapitalización de los bancos estatales perjudicados por los préstamos de amortización dudosa y las cargas del sistema de seguridad social.
Ba Shusong, subdirector del Centro de Investigaciones Financieras del departamento de Investigación y Desarrollo del Centro Estatal, sugirió que “los políticos americanos parecen creer que la apreciación del yuan podría reducir el déficit por cuenta corriente. En 2004, EEUU tuvo un déficit comercial de más 600.000 millones de dólares, el equivalente al 5,5% de su PIB. El Gobierno de EEUU debería optar entre las siguientes medidas: ser más riguroso con la política económica, incluyendo el déficit fiscal, e incrementar sus tipos de interés para frenar el consumo e incentivar el ahorro. Es un proceso repleto de ajustes políticos y económicos y podría haber obstáculos políticos importantes. Por eso los políticos americanos prefieren presionar para que haya una devaluación del dólar en lugar de hacer ajustes económicos internos. Estados Unidos además espera que la apreciación de otras monedas pudiera quitarle presión al dólar. Esta es la razón fundamental por la que EEUU está presionando activamente para la apreciación del yuan…Pero incluso una apreciación considerable del yuan tendría un impacto pequeño sobre la situación de la balanza comercial americana…De hecho, dada la interdependencia económica entre China y EEUU, cualquier medida sustancial en las tarifas a la importación adoptada por EEUU unilateralmente no sería eficiente y dañaría, en última instancia, la economía norteamericana a largo plazo”.
Huang Zemin, un experto en tipos de cambio y decano de la escuela de negocios de Normal University al Este de China, dijo a los reporteros que “actualmente, China debería centrarse en la reforma cambiaria en el sistema de gestión de divisas. Debido a la dependencia comercial del país, la balanza de pagos debería ser el principal factor para juzgar la conveniencia de apreciar o no el cambio. Nuestro tipo de cambio se mantiene equilibrado en los últimos tres años…El desequilibrio comercial entre China y EEUU no se debe al tipo de cambio del yuan, sino a las diferentes estructuras comerciales de ambos países”.
El mejor momento para la reforma cambiaria, añadió “ocurrirá cuando no haya expectativas de cambio. El mercado no es del todo racional. Por tanto, si hubiera una expectativa unilateral en el mercado, no será el momento oportuno para ajustar el tipo de cambio”.
El punto de vista de Europa
Salvador Rojí, Profesor de Multinational Financial Management de la Universidad Complutense de Madrid, predice que China “finalmente terminará revaluando la moneda por presiones de los demás países, especialmente de los EEUU” La revaluación será gradual, dice, para evitar desajustes en la estabilidad económica.
Gonzalo Garland, director de Relaciones Externas del Instituto de Empresa de Madrid y profesor de Entorno Económico, coincide con Rojí en que la revaluación no se producirá de golpe. Según explica, se está especulando con que China establezca una banda de fluctuación que se irá ampliando progresivamente, de manera que se den revaluaciones sucesivas controladas. La revaluación implicaría una pérdida de competitividad de las exportaciones y una mejora de las importaciones chinas. Sin embargo, dice, “dados los bajos costes de muchos productos chinos dudo de que tenga un efecto tan fuerte en la reducción de las exportaciones chinas. Probablemente el efecto sea algo mayor en el incremento de las importaciones”.
Con relación al área más delicada de las exportaciones textiles, China estaba reduciendo sus exportaciones a través del aumento de los impuestos de las exportaciones, aunque hace unos días anunció dar marcha atrás y cancelar estos incrementos. Una medida muy diferente, señala Rojí, es “restringir el volumen directo, el cual dependerá de acuerdos comerciales regionales China-Europa que incluyan otros productos y servicios en ambas direcciones”.
Garland cree que el tipo de cambio fijo ha sido muy útil para China durante un tiempo, pero con le debilidad del dólar, dice, “los desequilibrios en el comercio internacional se han agudizado mucho. El tener un tipo de cambio fijo con el dólar hace que la debilidad del dólar lleve a una debilidad del yuan, que le ha favorecido mucho”. Y añade: “El problema es que todo el peso del ajuste recae sobre otras áreas cuyas monedas sí se han revalorizado frente al dólar, como Europa, Japón, y muchos otros países”.
En su opinión, la presión por parte de EEUU está complicando una reacción de China. Este país, dice, “ha manifestado que no le gusta la presión verbal que está recibiendo y que es mucho más proclive a actuar cuando la presión es menor”. Por eso cree que podría haber una postergación de las medidas debido a la inestabilidad de los mercados que las declaraciones oficiales pueden generar. Por ello, señala, “quizás es mejor que disminuyan las declaraciones oficiales de los Estados Unidos”.
Europa, explica Garland, “ha tenido que soportar una parte importante del ajuste de los tipos de cambio a nivel global”. Por eso, dice, “también se ha observado que Europa se vuelve más vocal en solicitar un reajuste del tipo de cambio yuan-dólar”.
Cuando le preguntan a Rojí si es hipócrita por parte de EEUU y la UE limitar el libre comercio ahora que los americanos se ven perjudicados, al igual que la industria textil europea, Rojí dice que “históricamente, los EE UU y Europa jamás han escondido sus intereses proteccionistas contra terceros. El halo de liberalismo de Occidente es solo parcial, y muy pocos países lo cumplen: Singapur, Holanda, etc, generalmente pequeños países con mercados locales mínimos que necesitan abrirse al exterior. Así pues, dado el historial semiproteccionista de ambas regiones, no podemos hablar de hipocresía. Simplemente, defienden los intereses de sus clientelas sociales y políticas. Y no lo esconden”.
Sobre la cuestión de si cada país debería tener el derecho de controlar su propia moneda, Rojí sugiere que los estados soberanos pueden utilizar el tipo de cambio como herramienta para compensar incrementos inflacionarios que acorten el nivel competitivo de los países, además de favorecer a grupos económicos determinados, por ejemplo, exportadores. Sin embargo, al ceder dicha potestad, como es el caso de los países miembros del euro, los gobiernos sólo les cabe llevar a cabo políticas fiscales y mejoras en eficiencia, productividad, etc., restricciones salariales, sin poder hacer uso de la válvula de escape de las devaluaciones.
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